martes, 22 de diciembre de 2009

23.50


23.50 h. Sólo faltan diez minutos para que el año 2009 se marche. Mientras el reloj avanza sin que nada se lo impida, un joven de 20 años y traje oscuro mira el cielo de Madrid a través del cristal de su habitación. Dejo que se deslicen los últimos instantes del año desde la ventana que un día me dejó observar la expresión de cautela de la anciana que vio toser con insistencia a su nieta, aquel día en el que saltó la alarma en los medios. Estoy en el rincón desde el que me emocioné al ver llorar a esa niña que descubrió la muerte del Rey del Pop. Me evado aquí, en el mirador desde el que reflexionaba cada madrugada.

La memoria me deja ver el momento en el que cambió mi percepción del amor: el instante en el que maduré y le puse a mis emociones los puntos sobre las íes. Recuerdo que, justo ahí, me convertí en un hombre y conocí el verdadero amor.

La escritura ha sido uno de los elementos más importantes del año que agoniza. La convicción total e inamovible de que dedicaré mi vida a cambiar la de otros, embelleciéndola y trastocándola a través de un cúmulo de palabras que emanen de mis entrañas. Escribiré. El tiempo finito que duren mis días sobre este mundo ilógico lo protagonizarán palabras como las que lees. La lucha por superar el dolor desmesurado de la última caída de párpados de un ser querido fortaleció mis sueños, transformándolos en objetivos.

A sólo un minuto de las campanadas, me recuerdo en Gran Vía bajo la nieve, al ritmo de un vals que me lleva a trazar círculos imaginarios con mi paraguas abierto, mientras un mendigo con zapatillas de cuadros - al que una perra de raza incierta acompaña - me grita: ‘¡Estúpido optimista!’.

Ya vuelvo en mí. Me observo en el cristal reflejado. Quizá no haya mejor modo de despedirse del año que cerrando los ojos y prometiéndome que un día estaré allí, entre las manos de una niña que huye de la realidad leyendo, emocionándose con mis palabras en aquel lugar imaginario, donde el cielo se une con el mar.

sábado, 12 de diciembre de 2009

xx. Grandeza que duele .xx

La palabra 'grandeza' con la que titulo esta entrada engloba el cúmulo de emociones que se transmiten en menos de siete minutos en este cortometraje de Guillermo Ríos, que inauguró el Foro Internacional de Violencia de Género al que asistí hace unos días en el Hotel Auditorium de Madrid. Es grande porque llega al corazón como una piedra que va directa a él, y que te duele como a la protagonista de la historia.

'La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia.'

miércoles, 2 de diciembre de 2009

xx. Agua .xx

Cada mañana humedecía las aceras limpiando la suciedad que los caminantes arrojaban sin miramientos. A las cinco de la mañana sonaba el despertador, se metía en aquel mono de color verde y, con el sabor del café de máquina en la boca, recogía la manguera con la que dejaba impolutas las calles. Cuando abrían el quiosco de la calle Madrid, Javier ya estaba terminando su trabajo.

Amanecía cuando el viento helado se convirtió en un golpe de calor al verla aparecer. Tenía las piernas más bonitas que Javier había visto, y su melena cobriza tapaba parte de la mirada que según se iba acercando le quemaba la piel. Tragó saliva y se limitó a observarla. Llevaba un conjunto negro que se intuía bajo un abrigo del mismo color.

En diez segundos Noelia se cruzaría con él y, si nada lo impedía, se convertiría en un vago recuerdo con el que fantasearía en el cuarto de baño al volver del trabajo. ¿Se la jugaría por una vez en su vida? Le temblaron las piernas cuando respiró el aroma a jazmín que dejó al pasar a su lado. No se lo pensó dos veces, no había tiempo: agarró aquel trasto con el que limpiaba la mierda de la ciudad y, tras tres grandes pasos, la alcanzó…y el resto es historia. La solución a esa cobardía tuvo como resultado la desaparición de cualquier rastro de aroma de flor en la femme fatale a cambio de unos cuantos – más bien muchos – litros de agua. Ella se giró y, llena de cólera, le dio una sonora bofetada.

Minutos después, Noelia se abrigaba con la chaqueta de Javier en una cafetería del barrio mientras dejaban de lado la rutina por unas horas, sin saber que justo en ese momento estaba naciendo una bonita e inusual historia de amor. Luchar contra el destino habría sido estúpido.
David Waldorf.

jueves, 26 de noviembre de 2009

xx. Sí, me gusta leer .xx

Cuando esta tarde curioseaba en una de las estanterías de mi habitación, me di de bruces con un libro de Fernando Savater que me hizo recordar su intervención, el pasado sábado 14 de noviembre, en el Festival Eñe de literatura, una cita en el panorama cultural español que desde ahora se convertirá en un evento anual en la capital.

A lo que iba, que allí estaba yo escuchando a Savater mientras el resto de jóvenes españoles – al menos los que yo conocía - volvía de fiesta o dormía plácidamente en sus camas. A pesar de los diez euros que nos cobraron por entrada, he de decir que mereció la pena pasar el día allí, junto a escritores de la talla de Antonio Gamoneda y Álvaro Pombo. Fue un placer pasar unas horas entre libros, lectores y escritores, sí que lo fue.

He llegado a la conclusión de que tendría que vivir al menos dos veces para leerme los libros que guardo por todas las habitaciones de mi casa: ¿cómo puede darme tanto placer un taco de páginas lleno de palabras?

Me decía hace unos días una buena amiga que no sabía por qué le gustaba tanto el olor a gasolina, que le parecía algo ilógico. Recuerdo que le contesté que a mí me volvía loco el olor a libro nuevo desde que tengo uso de razón y que, aunque no lo entienda, siempre lo saboreo, ¡y vaya si lo saboreo!


jueves, 19 de noviembre de 2009

xx. LesGaiCineMad .xx

Entre el 29 de octubre y el 8 de noviembre se celebró en Madrid el 14º Festival Internacional de Cine lésbico gai y transexual de Madrid. Aunque me habría gustado asistir a más proyecciones del festival, en esta ocasión sólo pude acudir al visionado de un largometraje: tiempo suficiente para adquirir el catálogo oficial, ver el ambiente de esta edición y ser capaz de redactar esta entrada.

La variedad de emisiones sigue siendo bastante buena, con películas proyectadas y también premiadas en festivales como el de San Sebastián o el de Berlín, de las que ya había oído hablar en algunos medios de comunicación. El ambiente sigue siendo muy cálido, sobre todo en las salas más pequeñas, donde la mayoría de la gente se conoce y acude en grupos para ver una película determinada.

Desafortunadamente, el festival cuenta con tres inconvenientes que no se solucionan con el paso de las ediciones: en primer lugar, la poca visibilidad del evento en los medios de comunicación más allá de las publicaciones de temática gay que uno se puede encontrar en la entrada de alguna librería de Chueca y de la página publicitaria en los medios patrocinadores.

La ausencia de descuentos para jóvenes que no estudien en las universidades que colaboran con el festival (entre otros), supone el segundo punto débil del evento, ya que por el mismo precio de una entrada al festival ‘casi’ podemos asistir a un cine cualquiera de la Comunidad de Madrid. Por último, la escasa oferta de sesiones (un máximo de tres por película durante todo el evento) dificulta tanto a estudiantes como a trabajadores la posibilidad de disfrutar del programa que ofrece el LesGaiCineMad.

Aún a pesar de estas tres puntualizaciones, se agradece enormemente el regreso – año tras año – de un festival que para muchas personas supone un soplo de aire fresco en la oferta de ocio gay de la capital.
David Waldorf.

jueves, 12 de noviembre de 2009

xx. Una pequeña maravilla .xx



El corto The Butterfly Circus ganó el primer premio
del concurso The Doorpost Film Project.

jueves, 5 de noviembre de 2009

xx. Dance .xx

Nos cruzamos por primera vez en un paso de cebra cualquiera de la ciudad de Nueva York. La escuela de danza lo era todo para mí a pesar de dejarme las rodillas destrozadas en cada clase. Hasta ese momento mi día a día se basaba en una simple rutina a la que ya me había acostumbrado desde hacía tiempo: despertador, café y tostadas, patearse las mismas avenidas una y otra vez, doce horas de baile, vestuario (o museo de cuerpos perfectos) y, por último, vuelta a casa.

Tenía tan medido el camino que no podía evitar contar los pasos que daba desde que pisaba la calle a las diez de la mañana hasta que llegaba a la escuela una hora después. El regreso era más desenfrenado: cuando las luces y la locura invadían la gran manzana, y el sol desaparecía junto a la cara inocente de la ciudad, yo ponía mi reproductor de música a todo volumen y retomaba el camino de vuelta al compás de la banda sonora de Espera al último baile con distintos pasos, acrobacias y saltos que me convertían en alguien extraordinario ante las miradas de mendigos, borrachos y pandillas de adolescentes extraviados. Las noches de lluvia escondía mi cabeza bajo la capucha del jersey del colegio y saltaba sobre grandes charcos de barro convirtiendo cada salpicadura en mi ropa en un nuevo éxito producto de mi pasión impulsiva.

Una de esas noches, en las que la música me poseía y el baile me hacía inmortal, apareció él: recuerdo que era medianoche. Al otro lado de la carretera una figura oscura, joven y atractiva esperaba el momento oportuno para cruzar aquel paso de cebra, mientras yo me dejaba llevar por la pasión que invadía mis venas al girar alrededor del semáforo en rojo, danzando seguro de lo que hacía. Él fingía no verme, y cuando al final la luz cambió de color y nos dirigimos en direcciones opuestas, nuestras manos se rozaron y volví a la realidad. Me giré y vi las rayas marrones de su jersey para terminar intercambiando dos miradas y una sonrisa.

Desde entonces, cada vez que llego a ese paso de cebra, espero a que den las doce y aparezca, siempre termina haciéndolo. Esperamos la luz verde, nos cruzamos y buscamos un roce brusco de nuestras manos, ocultas en la oscuridad, recordándonos que la siguiente noche estaremos ahí otra vez regalándonos unos segundos de magia, bailes de sensaciones y trueque de felicidad. A día de hoy es más que suficiente.

David Waldorf.

domingo, 25 de octubre de 2009

xx. Vamos a llamarlo amor .xx

A veces pisas el suelo de lugares que, inexplicablemente, te atrapan y te hacen experimentar sensaciones que hasta ese momento no habías conocido. Es algo similar a la empatía, es como si ya conocieras sus calles desde hace mucho tiempo. No sientes la necesidad de guiarte mediante mapas ni temes perderte en ningún momento, es extraño. La semana pasada en Venecia yo era una góndola más que conformaba la perfección de la ciudad más bonita del mundo.

A veces siento que cuando hablan de su inundación predicen mi muerte, no sé. Vamos a llamarlo amor.

David Waldorf.

jueves, 8 de octubre de 2009

xx. Besos .xx

Qué fácil resulta hacer del beso poesía
Gesto de amor, sedantes del miedo, grafía de belleza.
Cosquilleo de pasión cargado de futuro.

Mas no hablar quiero de los besos dados,
de los besos felices y de pasión plenos,
de besos ardientes y ebrios, inconscientes
de espacio y tiempo.

De esos besos que inundan los versos, las bocas de los amantes.

Sí de aquellos besos perdidos, arrancados, incompletos,
de la musa de los besos imposibles, los besos aplastados, los besos negados,
los besos que nunca dimos, que no recibimos, ni recibiremos.

De esos besos caídos, como hojas enfermas de un árbol
en el paso de las estaciones.

¿Dónde quedan los besos que no hallan labios para ser correspondidos?

Existe un lugar donde beben todos los besos abatidos
La danza de los besos ermitaños, de los besos feto,
un limbo de besos inconclusos, besos asociales, de besos cojos.

Mordiscos que no aprendieron el arte de lo bello.
Hay un sitio olvidado de versos de besos en pena.
El cementerio de los besos muertos.
Rubén Arribas,
editorial del Nº98 de duendemad.com

lunes, 5 de octubre de 2009

xx. Entre fotos .xx

'Supongo que, como para muchos otros, la fotografía empezó como una inquietud por capturar lo que ocurre alrededor y ha terminado convirtiéndose también en la forma de crear imágenes que intentan ser reflejo de las inquietudes e influencias que hay dentro de uno mismo.

De una manera inconsciente descubrí que, para explicarme a mí mismo, las imágenes hablaban más claramente, y posiblemente más sinceramente, sobre lo que vive en mi cabeza, que las palabras, quizá por estar creadas en impulsos pasionales más que racionales.

La fotografía siempre ha sido una de mis pasiones y ha terminado por convertirse en una autoterapia creativa, inconsciente y desordenada al principio, más premeditada y reconocible ahora, intentando que los resultados se mezclen en un conjunto más armonioso y homogéneo.

Una vez corrido el riesgo, sólo cabe esperar que capten la empatía y el sentido del humor del espectador.'


http://www.jorgemiguel.es/
Tengo nuevo fotógrafo madrileño preferido.

lunes, 28 de septiembre de 2009

xx. Atracción .xx

Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él. Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla. Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas. - Paulo Coelho.

Hace tiempo llegó a mis manos un secreto en forma de libro que me enseñó a curar con sonrisas, a materializar lo que deseaba y a no perder jamás la ilusión por todo lo que hacía. Cada día empezó a ser más bonito que el anterior, fueron apareciendo cosas maravillosas y me empezaron a llamar chico con suerte. Llámalo autoayuda si quieres: a mí me ha cambiado la vida. Todo el que quiera saber más sólo tiene que preguntar.


En dos semanas estaré en Atenas:
Otro concurso.

martes, 22 de septiembre de 2009

xx. La noche en blanco .xx

lunes, 21 de septiembre de 2009

xx. Los dos lados .xx

A un lado del mundo Steven dirige una de las empresas más productivas del mundo. En sus manos se esconden más de quince mil millones de dólares, lo que le convierte en uno de los hombres más ricos del mundo. No busca la felicidad y le entra la risa cuando le hablan de contratos temporales y crisis económica. Al otro lado del mundo Karaba cuida en Níger de su pequeña recién nacida, producto de la última violación de uno de los soldados que luchan por el uranio en la zona. No cree en la felicidad, sobrevivir un día más ya es demasiado.

A un lado del hilo telefónico una mujer llora buscando la esperanza en las palabras de una desconocida. En apenas dos semanas perderá a su marido por una leucemia que poco a poco se ha ido apropiando de él hasta robarle el brillo de los ojos del que décadas atrás ella se enamoró. Al otro lado del teléfono una mujer escucha, que significa mucho más que oír, y da esperanzas refugiándose en una baraja de cartas que siempre falsea la realidad. Hace tiempo dejó de creer en su propio futuro; con las miserias de las voces que lloran se hace más fuerte y sigue adelante.

A un lado de la pantalla Areia le jura amor eterno al usuario que le promete un beso real en un tiempo verbal incierto. No valora su belleza ni la calidad de sus virtudes y se refugia en la tecnología, dura y fría como el hielo. Al otro lado de la pantalla un viudo cuarentón se esconde bajo una mentira de pectorales y dientes blancos que le permite sentirse joven, seguro, como más vivo. Se lamenta por perder el tiempo del pasado con tonterías; en ningún momento del futuro se dará cuenta de que nunca dejó de echar a perder el presente obsesionándose con el paso del tiempo: sólo ve futuro y pretérito.

A un lado de la clase Javier presta atención casi sin fuerzas, cansado de ocultar sus sentimientos al mundo. Sus ojeras revelan lo antinatural que resulta luchar contra sí mismo, decir siempre que sí por amor y ser cómplice de un caso de cobardía. Al otro lado de la clase Adrián se va rompiendo poco a poco, retrasando el momento de dar la cara por lo que siente por Javier. Cuando hacen el amor se olvida de toda la mierda de antifaces, popularidad e ignorancia que le rodea. Acaban de cruzar una mirada. Los dos lloran.

A un lado de la mesa María maquilla sus ojos, retoca sus mejillas... y se siente guapa. En unos minutos saldrá a la calle y, aunque él no lo sepa, no volverá jamás. Lleva un vestido rojo, zapatos de tacón y una sonrisa como bandera. Al otro lado de la mesa Gabriel se pone al día ocultando su rostro con el periódico de hoy. Nada nuevo en los titulares: muerte, tornados y chismorreos de política. Sostiene su taza de café y le duelen los nudillos. El último golpe a María fue tan grande que hasta a él le ha dejado marca. Nunca le dejará de doler.

A un lado unos, al otro lado otros. Historias extraordinarias y al mismo tiempo pequeñas por rutinarias. Cada mañana, sin saberlo, te cruzas con cada uno de los personajes que forman parte de esta historia. Los que encuentran el triunfo en el éxito y los que lo hallan en la supervivencia. Los que viven momentos duros y necesarios, los que hieren sin darse cuenta. Los que buscan una caricia en el sitio equivocado y los que están tan perdidos que no saben qué buscar. Los que mienten porque deben, los que mienten porque quieren. Los que dijeron basta y empezaron a vivir desde esta mañana, y los que nunca estarán vivos. Retales de realidad, sombras de vida.

David Waldorf.

viernes, 11 de septiembre de 2009

xx. Puta hipocresía .xx

Hace unos días, el diario de Prisa, El País, publicaba en sus páginas un reportaje que denunciaba el ‘trato inhumano’ que recibían las prostitutas en las calles de Barcelona. Morboso en sus fotografías, muy explícitas, casi pornográficas y de muy mal gusto, el diario titulaba la información: ‘Sexo de pago en plena calle junto al mercado de La Boquería’, con la intención de ejercer de 'mesías del pueblo' lamentándose por las mujeres afectadas.

Lo curioso de la cuestión es que sea justamente este diario – también el de mayor tirada nacional - el que publique el mayor número de anuncios diarios sobre prostitución (más de 700, por delante de El Mundo, ABC y La Razón) embolsándose por cada uno de ellos una cantidad superior a los 100 euros, lo que suponen unos 15.000 euros al día procedentes de las mafias que explotan a las mujeres, según distintas ONG y asociaciones que trabajan por los derechos de las prostitutas. Resulta, como poco, extraordinariamente hipócrita.

En la actualidad, a nivel europeo, ningún diario de calidad publica anuncios de contactos, quedando esto secundado a la prensa – denominada – sensacionalista, algo que no sucede en España, donde los periódicos ingresan por ellos más de 40 millones de euros al año. Son muy pocos, entre ellos Público y el gratuito 20 minutos, los que se oponen a esta práctica al considerarla favorable a la explotación sexual de las mujeres. La prostitución mueve en España cerca de 18.000 millones de euros anuales.

El Gobierno instó a los medios de comunicación a que eliminasen los anuncios de ‘relax’ mediante el Plan Integral contra la Trata, aprobado el pasado 1 de enero, algo a lo que los directores de los principales diarios españoles se oponen a renunciar por los ingresos que obtienen. Anteriormente, en 2007, la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y de la Igualdad de Oportunidades denunció que los periódicos obtuviesen beneficios gracias a esta forma de explotación.

Mientras tanto, muchas mujeres se encuentran atadas de pies y manos por un grupo de hijos de puta y son obligadas a seguir vendiendo su dignidad a cambio de un dinero que nunca termina en sus bolsillos. Quizá esos clientes fotografiados por El País en las calles de Barcelona acudieron a esas mujeres gracias a un anuncio del periódico que encontraron en el bar más cercano.

¿Quién es más puta,
la que se vende - obligada - para salir adelante o la que critica la mano que le da de comer grandes manjares?

David Waldorf.

martes, 8 de septiembre de 2009

xx. Retales de Benedetti .xx

La muchacha y el hombre ingresaron en el ascensor en la Planta Baja. Ella marcó el 5º piso y él marcó el 7º. Pero de pronto sobrevino un apagón y el ascensor se detuvo, naturalmente a oscuras, entre el 2º y el 3º. Él dijo: 'Caramba', y ella: 'Qué miedo'.

Permanecieron un rato en aquel lóbrego silencio, pero al fin el hombre dijo: 'Al menos podríamos presentarnos. Mi nombre es Juan Eduardo'. Y ella: 'Soy Lucía'.

Él decidió mover de a poco el brazo izquierdo, y así, a tientas, llegó a tocar algo que le pareció un hombro de la chica. Allí se quedó, esperanzado. Ella levantó una mano y la posó sobre aquel brazo intruso. 'Tenés un lindo hombro - dijo él -, parece el de una estatuta'. Ella apenas balbuceó: 'Tu mano me gusta, al menos es cálida'.

Entonces, ya mejor orientado, el brazo masculino bajó hasta la cintura femenina. Ella tembló un poco, pero acabó consintiendo. En realidad, no tuvo tiempo de preguntar nada, porque él le cerró la boca con su boca. Lucía, un poco asombrada, sintió que aquel beso le gustaba y respondió con otro, este de su cosecha.

Así se quedaron un buen rato en aquella tenebrosa intimidad. Él preguntó: '¿Sos soltera?'. 'Sí, ¿y vos?' 'Viudo.' Inauguraron un abrazo inédito, y así permanecieron, disfrutando.

De pronto se acabó el apagón, pero el ascensor todavía quedó inmóvil. Ambos, ya con luz, se estudiaron los rostros y sobre todo las miradas. Hubo un mutuo visto bueno.

Él dijo: 'No estuvo mal, ¿verdad?'. Y ella: 'Estuvo lindo'. Él: 'Me parece que el ascensor va a empezar a moverse. En Planta Baja marcaste el 5º. ¿Vas allí?'. Y ella: 'No, ahora voy al 7º'. Al final el ascensor arrancó y los llevó como lo haría un padrino.

Mario Benedetti,
Vivir adrede.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

xx. Life .xx

LiFE from Alvaro C on Vimeo.

sábado, 22 de agosto de 2009

xx. Nueva York .xx

Amanece en la ciudad que nunca duerme mientras dos cuerpos desnudos, perfectos, vuelven en sí bajo las sábanas blancas de seda que diseñó algún modista del Upper East Side hace un par de semanas. En tu cuerpo aún se percibe el olor al perfume que hace que me vuelva loco.

Primero la ducha, luego el taxi y después un gran café en algún lugar hasta ahora desconocido del Central Park. Yo leo el periódico y tú Poeta en Nueva York, de García Lorca. El mediodía lo protagoniza mi sonrisa reflejada en tus ojos, que me miran detrás de la carta de postres del restaurante más bonito de la ciudad.

Llevo tus compras de Bel Harbour en mis manos sin quejarme y te observo fotografiar las cosas más insignificantes de las calles de esta ciudad con la que siempre soñamos, esta urbe que nos hace sentir tan pequeños, insignificantes y, al mismo tiempo, tan libres y maravillosos. Cuando te duelen los tobillos decidimos hacer una parada en el Hard Rock Cafe y me sonríes agradeciendo hacer este viaje juntos.

Caminamos hasta una tienda de discos en la que, mientras tú buscas un recuerdo que llevar a tus amigas, yo me dedico a encontrar la canción más bonita de entre los miles de discos descatalogados del local. Pagamos, andamos y empieza a anochecer.

Me pides con voz seria que no corra tanto, que los tacones los llevas tú. Te entiendo y te invito a un Cosmopolitan mientras picamos trocitos de fruta. Brindamos por ti, por mí y por la Estatua de la Libertad: la vemos al fondo, parece dibujada pero es real.

'Todo parece un jodido sueño', me repito mentalmente. Volvemos al loft llenos de una felicidad que no se puede explicar y te lanzas a la cama con una sonrisa que jamás había visto en ti.

Me siento en el escritorio y, apartando una postal de Coco Chanel, abro mi diario mientras tú ya duermes. Esta vez me sobrará gran parte del papel, sólo necesito dos renglones para escribir eso de: 'Hay muchas manzanas en el árbol, pero yo me quedo con la más grande: Nueva York.' Al final me tumbo a tu lado y soñamos juntos. El olor a 212 en tu cuerpo endulza una noche más la oscuridad.
David Waldorf.

miércoles, 29 de julio de 2009

xx. El deseo .xx

Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama. Miguel de Cervantes.

El amor y el deseo son las alas del espíritu de las grandes hazañas. Goethe.

La vida no está hecha de deseos y sí de los actos de cada uno. Paulo Coelho.

Hoy sois vosotros los que escribís en el blog:
¿Creéis en el amor sin deseo? ¿Y en el deseo sin amor?

David Waldorf.

viernes, 17 de julio de 2009

xx. El cuarto poder .xx

En los años previos a la Revolución Francesa la prensa solía denominarse popularmente 'el cuarto poder', debido a la asombrosa influencia que ésta ejercía sobre la sociedad. Actualmente, con la llegada de la televisión y, sobre todo, de las nuevas tecnologías esta situación de ‘creer a ciegas’ vive su máximo apogeo llevando a los ciudadanos de cualquier parte del mundo a tomar como cierta cualquier noticia que recibe de los medios de comunicación, sin plantearnos su veracidad, tomando como verdades absolutas noticias que en ocasiones no son fiables.

En un panorama periodístico en el que tristemente se dedican portadas a una gripe que mata a siete personas diarias mientras que otras 8.000 fallecen durante el mismo periodo de tiempo de sida sin tener aparición mediática alguna, lo único que nos queda es pedir al lector, espectador y, en definitiva, al usuario de cualquier medio de comunicación, que, al igual que hacemos los que de verdad creemos y amamos el periodismo, él también contraste sus fuentes sin dejarse convencer por una sola palabra, línea editorial o cadena televisiva.

David Waldorf.

domingo, 5 de julio de 2009

xx. El 2 de julio me enamoré .xx


¿Sabes lo que es que se te humedezcan los ojos y te aumente la serotonina al escuchar las primeras notas del Can't Get You Out of My Head de la señorita Kylie Minogue? Yo sí.

El jueves 2 de julio estuve junto a una de mis mejores amigas en el concierto que la artista australiana ofreció, con motivo del MTV Day, en la Las Ventas (Madrid). Hace unos meses pensé en adquirir una entrada pero no lo hice y me arriesgué a apuntarme a un sorteo de MTV España confiando en que, si hace unos meses me alegraron llevándome hasta Liverpool a los MTV Europe Music Awards, quizá se volviese a repetir mi buena suerte: así fue, gané dos entradas y disfruté del show de Kylie en directo.

Allí, entre miles de personas, fui completamente feliz. Más que un concierto fue un espectáculo, un gran show. Los vídeos que se iban proyectando según la Minogue cantaba fueron a cada cual más espectacular y, aunque no conocía parte del repertorio que fue sonando durante las más de dos horas de duración, chillé y bailé como el que más.

La próxima vez que vuelva a España iremos a verla,
valga lo que valga la entrada.


David Waldorf.

martes, 30 de junio de 2009

xx. Rey del pop .xx

Cuando el mundo pierde a un genio de la música como Michael Jackson me sobran las fotografías que dejan ver su cuerpo inerte, los colaboradores de magacines que se las dan de periodistas sin haber pisado la universidad y las tertulias amarillistas en las que no se sabe diferenciar entre la música y la persona, juzgando sin miramientos ni conocimiento de causa la vida de un personaje.

El acoso de la prensa, la polémica que le ha seguido en los últimos años y las exigencias de su profesión ahora sólo son tres oraciones que carecen de significado en sus sintagmas porque el sujeto al que se refieren ya no está presente. Preparaba una vuelta por todo lo alto y sus seguidores se deben quedar con eso, y no con los comentarios de los que ni siquiera se toman la licencia de informarse, de averiguar datos tan generales como que su color de piel cambió por una enfermedad degenerativa llamada vitíligo y no por delirios del cantante.

Todos tenemos que ser capaces de juzgarle como leyenda de la música.

domingo, 21 de junio de 2009

lunes, 15 de junio de 2009

xx. La tribu .xx

Es una leyenda urbana pensar que el índice de suicidios aumenta durante las fiestas, en realidad disminuye. Los expertos creen que la gente piensa menos en suicidarse cuando está rodeada de su familia. Irónicamente se cree que esa unidad familiar es el motivo por el que las depresiones aumentan en las fiestas. Un viejo proverbio dice que no puedes escoger a tu familia, aceptas lo que te ha deparado el destino y te guste o no, la quieras o no, la entiendas o no, la aceptas; pero una escuela de pensamiento afirma que la familia en la que naces solo es un punto de partida, te alimentan, te visten y cuidan de ti... hasta que estás listo para adentrarte en el mundo y encontrar tu propia tribu.


Anatomía de Grey.

domingo, 14 de junio de 2009

xx. Por todos los medios .xx

viernes, 12 de junio de 2009

xx. Érase una vez .xx


En el año 2008, el director español Javier Fesser sorprendió a todos, tras películas como El milagro de P.Tinto y La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón, con el estreno de Camino, un cambio radical de registro en la trayectoria del cineasta, con una cinta de dos horas y media en la que una niña de once años conoce por primera vez el amor al mismo tiempo que la muerte se aproxima a ella, fruto de un cáncer. La unión sublime de pasión, libertad y crudeza que se entremezclan en un puzzle perfectamente encajado en la película, lleva al espectador a sentirse un personaje más de una historia tan bella como dolorosa por la inclusión de un elemento que no hace sino dar un giro de tuerca a lo que hasta ahora esperaríamos de una película de estas características: la religión.

La religión está presente en las creencias de una organización como el Opus Dei, a la que pertenece la familia de Camino, que se atreve a observar la proximidad de la muerte de la niña como una bendición de Dios, dejándonos momentos estremecedores a lo largo del filme, véase el aplauso final cuando la niña ya se ha liberado de una existencia en la que jamás llegó a integrarse del todo, huyendo de la ausencia de libertad en pro del amor más bello y sincero con el que fantasear hasta el último minuto de la enfermedad.

Una película tan controvertida y sincera como ésta, inspirada en hechos reales, no puede dejar frío a ningún espectador, que la percibirá – probablemente – según sus creencias, valores éticos y sentimientos, entendiéndola y mascándola de formas distintas según sus vivencias personales.




David Waldorf.

lunes, 1 de junio de 2009

xx. Diluvio .xx

Nota: He estado casi dos meses escribiendo día a día este relato que desde este momento se convierte en el más importante para mí de todo lo que ha ido saliendo de mi cabeza hasta ahora. Nació como una necesidad de decir adiós a una sensación de melancolía que guardaba en mi estómago, y lo consiguió, no sólo por el resultado global de la historia si no por pequeñas frases y hasta palabras que me han servido para volver atrás y sonreír con furia. Aquí el resultado.
- Diluvio -
Al otro lado del cristal diluvia. El año nuevo siempre ha sido así de frío en la capital. Maldito dios Bóreas que empuja el viento rabioso y me impide cruzar las puertas para salir de este comedor sombrío que no me deja escapar de todos estos pensamientos que me ciegan empujándome décadas atrás.

Con la cara apoyada sobre el ventanal me dedico a observar la redundancia con la que los goterones chocan contra la hierba húmeda en silencio. Desde aquí sólo puedo escuchar los gruñidos de los otros viejos que comparten su última estación conmigo, comiendo las lágrimas que ya nadie quiere secar.

Hace tiempo que cumplí los noventa, me llamaron Furia. Cuando nací lloraba de tal manera que la sirvienta sudamericana de mamá se tomó la licencia de ponerme ese nombre sin consultárselo a nadie. Madre murió en el parto, yo me críe con Aitana, la sirvienta, y a los dieciséis años ya me ganaba el pan por mí misma, a diferencia de todas esas niñas con piel de porcelana y vestidos barrocos que veían la vida pasar balanceándose en un columpio mientras leían alguna novela de Jane Austen.

Fui bella, volvía locos a todos los hombres que quería poseer. Me obsesionaban aquellos que vestían un puño impecable. Mientras me hablaban e intentaban acaramelar, yo bajaba con discreción mi mirada partiendo desde el hombro, con lentitud, hacia la muñeca. De la americana debía sobresalir un par de centímetros de la camisa que llevaban, para finalmente dejar entrever un reloj que denotase elegancia y virilidad. Si cumplían ese orden morboso probablemente acabasen en la cama conmigo: y me acosté con muchos.

Ya no quedan hombres de los de antes, ahora los jovencitos dedican la mayor parte de su tiempo a conseguir un cuerpo perfecto con el que intentan subir su ego y demostrar al mundo lo bellos que son: regalan demasiado tiempo a sus abdominales y poco a las novias, lo que yo te diga. Así a quién le extraña que muchas se revuelquen entre ellas, no me digas… ¡yo ya no entiendo el mundo en el que vivo!

De joven tenía ganas de envejecer por el mero hecho de vivir los suficientes años como para llegar a ser anciana, pero ahora me miro en el espejo y me cuesta reconocerme en esta piel estúpida, arrugada y casi muerta. Sentir que cada mañana estas más cerca de la muerte porque no te queda otra es crudo, y a mí me pone de los nervios.

En esta residencia raro es el día en el que no tengas que saludar a los dos médicos imberbes que cada vez que aparecen lo hacen para llevarse el cuerpo inerte de alguno de los abuelos que conviven contigo. Siempre que los veo pienso que antes o después vendrán a llevarme a mí también y me muerdo el labio hasta hacerme sangre para que ninguna de las chicas que nos cuidan me vea llorar. Cuando les preguntas quién ha sido esta vez, se hacen las tontas e intentan cambiarte de tema; aquí nadie quiere conjugar en pasado los verbos de los que ya no están.

Cuando me cansé de venderme como una damisela y comprendí que muchos hombres me veían como una ramera que jamás quise ser, me marqué un final seguido por una página en blanco que no tardaría mucho en empezar a ser escrita. Recuerdo que estaba en una vieja cafetería con olor a multitud leyendo una biografía de la diseñadora Coco Chanel. Tengo que reconocer que siempre me he sentido atraída por esa mujer: fue sublime hasta en el instante de su muerte, cuando en una habitación del Ritz acompañada por una de sus doncellas se despidió de la premura de la vida con un “así se muere” que se convirtió en sus tres últimas palabras.

En el momento en el que apareció el hombre de mi vida una lágrima se hundía en la taza de té rojo que me acompañaba, como profecía de las emociones extremas que a partir de ese momento sentiría junto a él. La primera vez que me vio llorar fue imaginando la grandeza de la muerte de Chanel, y la última fue hace dos años, cuando un cáncer de pulmón me lo arrebató. Estuvimos casados cincuenta y ocho años, y la única que me lo quitó fue una enfermedad que me descubrió el color del duelo.

Con Diego sentí lo que significa un primer beso. La primera vez que hicimos el amor fue bajo la lluvia, después de horas de conversación, risas nerviosas y miradas entre bastidores. Él era actor, el más guapo del mundo. Después de cada función se pasaba por aquella cafetería sombría en la que yo leía y esperaba algún imperativo que me hiciese salir de aquel lugar, algo que paradójicamente no pasó. Si no hubiese seguido leyendo aquel libro en ese café jamás le habría encontrado y nunca habría sido tan feliz como lo fui con él.

Mis amigas me decían que, ya que era tan afortunada de haber encontrado el amor, lo viviese cada segundo del día, disfrutando de Diego y de nuestra relación, a lo que yo les contestaba que todos sabíamos que la vida eran dos días, pero que si los estirabas podían llegar a ser tres y que con él, aún así, sería insuficiente.

Cuando terminé de leer me bebí el té y la lágrima e hice ademán de levantarme al mismo tiempo que él se sentó en la silla vacía que se situaba frente a mí. Me miró, le miré, sonreímos comprendiendo que esa mesa estaba esperando en aquel lugar desde hacía décadas con el único objetivo de que nos encontrásemos, y después me hizo sentir delicada y mágica bajo la lluvia, con nuestros organismos convertidos en un solo mecanismo que nadie podría separar jamás. Nadie menos la muerte.

Una de las cosas que más me gustaban de Diego era que, aún viendo a una octogenaria llena de arrugas como ya era en el momento en el que el final se aproximaba a su historia, me seguía observando como si mirase a una piedra preciosa y no a un fósil como yo me empezaba a ver. Le encantaba el mar, que me pintase los labios muy rojos para dejarle marcado, y soñaba con reconstruir una vieja catedral de la que siempre me hablaba sin llegar a situar en el tiempo ni en el espacio. No tuvimos hijos porque yo era demasiado egoísta para compartirle con nadie.

Nunca llegó a decirme que estaba enfermo hasta que los médicos no tuvieron más remedio que contarme la verdad visto el progresivo demacramiento que sufría su cuerpo. Jamás olvidaré la reacción que tuve, ni ellos tampoco: empecé a patalear y a gritar hasta que se vieron obligados a sedarme hasta que caí dormida. Lo siguiente que recuerdo es la despedida, mi mano en su mano, el último roce de sus labios y el sudor frío que empapaba mi frente cuando me hablaba sin palabras mirándome a los ojos. Se fue y ya no volvió.

Las primeras semanas me insensibilicé tanto que de haberme atravesado una estaca no la habría llegado a sentir. Después me dije basta y decidí pensar como una persona adulta. Era muy mayor y no tenía a nadie a quien cargar con mis quejidos de abuela triste: decidí mudarme aquí.

Nos cuidan, nos cambian, la comida no es del todo vomitiva y cruzas miradas con personas que tienen el mismo miedo a la muerte que tú. Cuando nadie me ve, me escapo a la parte trasera de la residencia y miro fijamente a través de este cristal mientras repaso algunos retales de mi vida, sobre todo cuando llueve y vuelve a mi memoria el recuerdo de la primera vez que le sentí, prometiéndome un final feliz que yo cumpliré por los dos mientras mi memoria comienza a hacerse escarcha.

A veces desearía que la vida viniese con un mando a distancia que me dejase volver atrás y corregir mis errores, saltando escenas que no son gratas de recordar y ralentizando instantes en los que la anciana inexistente de esta historia fue feliz.

jueves, 28 de mayo de 2009

xx. Éxtasis .xx


Mi razón confronta con mis impulsos y el pulso de mi corazón se acelera. La saliva en mi boca se incrementa y mis ojos miran de un lado a otro sin poder parar quietos en un punto fijo. Este centro comercial reúne en sus locales las mejores marcas de ropa, las multinacionales más famosas y los restaurantes de comida rápida más atractivos de toda la ciudad. La cartera se hunde en el bolsillo tratando de huir del saqueo al que se ve sometida cada fin de semana. Este cosmos de bolsas glamurosas, de sonrisas extasiadas y de dependientes que te incitan a consumir sin parar me hace sentir diferente: único.

Olvido mis deudas, las broncas de mi jefe y las infidelidades de mi pareja. Ya nada importa, la tarjeta de crédito me drogará sin necesidad de esnifar ninguna sustancia en mi cuerpo. La serotonina que invade mi cuerpo cada vez que compro supera el placer del momento cumbre del orgasmo: vivo para comprar.

No me preocupan los miles de libros que el polvo esconde en mis cien estanterías de madera, ni las colecciones de camisas que, separadas por colores y tonalidades, ven el tiempo pasar en alguno de mis armarios roperos, qué importa. Sé que compro sin necesidad y que no me paro a pensar en el futuro, pero el placer inmediato es demasiado atractivo para el alma de un perdedor que, como yo, no sabe luchar por conseguir un objetivo a largo plazo: ¡lo quiero ya y ahora!

No creo en dios, pero confío en que el cielo sea un gran centro comercial en el que no haya nadie más que yo, llenando carros de grandes dimensiones con los productos más exclusivos y limitados del mercado actual. No te creas que estoy solo en la vida, tengo dos grandes amigos: Visa y Mastercard.

Sumo pertenencias que parecen restarme problemas, multiplicando deudas que se dividen en mil dilemas distintos a los que un día me tendré que enfrentar. El porcentaje de lo que me hace feliz se reduce de forma considerable a comprar, comprar y comprar. No hay etapas de paréntesis, leyes que me permitan calmar mi adicción ni hipótesis que me ayuden a escapar de esta absurda situación sin salida.

Yo seguiré sonriendo, sin pedir ayuda a nadie hasta que dentro de un par de años alguien me encuentre ahorcado en la suite más amplia de un maravilloso hotel, incapaz de enfrentarme a la realidad que yo mismo creé, y a mí nadie me dejará propina.

lunes, 25 de mayo de 2009

xx. Interpretación .xx


De pequeño no le gustaba ir al médico,
pero siempre tuvo claro lo que quería ser...

viernes, 22 de mayo de 2009

xx. Vendido .xx

Vivimos en una sociedad compleja. Salimos a la calle y nos cruzamos a diario con decenas de personas diferentes, individuos con vidas completamente distintas pero influidas por un mismo sector: el mercado publicitario. El vaquero que tan bien le queda al chico que te vuelve loca, el destino de vacaciones de tu mejor amiga, o el descapotable del jefe que algún día tendrás son sólo algunos de los ejemplos de lo que puede conseguirse vender con un chaquido de dedos mediante una buena estrategia publicitaria.

Probablemente, el chico con el que sueñas vio anunciada la marca del pantalón que lleva puesto en los anuncios de gran tamaño del centro comercial de moda. Es casi seguro que tu amiga se fuese a Nueva York por lo bien que se lo vendió el cachas de la agencia de viajes y, por supuesto, los millones que tu jefe se ha dejado en el descapotable han sido para conducir la marca más elegante y cara de toda la ciudad mientras el resto de la humanidad se muere de envidia.

La publicidad es al comercio lo que la belleza a la fealdad; no puede existir lo uno sin lo otro. Por tanto, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que las técnicas publicitarias existen desde los orígenes de la civilización. Si nos remontamos al año 3000 a.C, podemos permitirnos la licencia de tomar como ejemplo una tablilla de arcilla, encontrada en Babilonia, con inscripciones para un comerciante de ungüentos, un escribano y un zapatero.

El método más económico y ágil de publicitar “algo” es el llamado boca a boca, esto es, la oralidad. Si la histriónica vecina del quinto, que se relaciona con toda la comunidad, se enamora locamente del nuevo culebrón de Televisión Española, podemos dar por sentado que todo el edificio, y por qué no, todo el barrio, habrá recibido una influencia importante para al menos acercarse al mando de la tele y hacer zapping para ver de qué va la nueva pasión de la cotorra del vecindario.Todo esto es, básicamente, la esencia del mundo publicitario, ese sector tan presente en nuestras vidas sin que muchas veces nos demos cuenta de él.

lunes, 18 de mayo de 2009

xx. Sólo los buenos se van .xx

Era uno de mis escritores favoritos, por la dulzura y la nobleza de sus palabras. Ojalá ahora esté en un sitio mejor, nosotros no te olvidaremos.

sábado, 16 de mayo de 2009

xx. Vótame .xx

Quedan unos meses para que los ciudadanos acudan a las urnas. ¿Mi objetivo? Que el nombre del partido que lidero se lea en todas las papeletas de los vecinos de esta ciudad que tan poco me importa.

Prometeré cambios, mejoras en la economía y regalaré sonrisas que parezcan lo más sinceras posibles. Me morderé la lengua hasta que llore del dolor para que la madre del niño que en unos meses morirá se crea que su testimonio me emociona. Aguantaré un par de mítines, escribiré una entrada en el blog redactada con retales de frases bonitas de Aristóteles y la señora que me limpia la casa se encargará de responder al correo electrónico mientras yo me pinto las uñas de los pies de un rojo tan tenaz como las mentiras que resbalan por mi garganta, convertidas en promesas revolucionarias que algún imbécil se creerá.

No importa la hipocresía, sólo queremos la victoria. Ansiamos restregar a la oposición que nuestras falacias fueron más creíbles que las suyas, y durante cuatro años caminaremos como actores disfrazados de héroes que no brillarán más allá del metraje que ruedan con el apoyo de una masa secundaria. Tomaremos decisiones equivocadas, lideraremos por encima de la legalidad y compraremos el apoyo de aquellos que nos critiquen. Todos tenemos un precio.

Gobernaremos, nos haremos famosos por nuestra sinceridad y nos forraremos a costa de los que un día confiaron en nosotros. Las autoridades no nos acusarán de nada, esta vez lo haremos bien. Pronto saldré de esta prisión y arrepentida, con una mirada desgarradora, lloraré ante cualquier tertulia de televisión culpando de todo al compañero más débil del partido. Pagará por mí, lo sé, y no me preocupa. Mis labios rojos se mezclarán con la sangre sin que nadie más que yo se dé cuenta. Brillaré sin que nadie me eclipse, soy divina y ellos no.


Porque quieres un gobierno mejor,
Porque necesitamos un cambio,
Cállate la puta boca y vótame.

domingo, 10 de mayo de 2009

xx. Lo que yo te diga .xx

De joven tenía ganas de envejecer por el mero hecho de vivir los suficientes años como para llegar a ser anciana, pero ahora me miro en el espejo y me cuesta reconocerme en esta piel estúpida, arrugada y casi muerta. Sentir que cada mañana estas más cerca de la muerte porque no te queda otra es crudo, y a mí, te lo juro, me pone de los nervios.
David Waldorf.

jueves, 7 de mayo de 2009

xx. Labuat .xx

Que hablen bien o mal de mí, pero que hablen. Ese podría ser el lema que resumiese la sombra que Virginia tejió a su piel, sin quererlo, en la academia de artistas más famosa de España. Labuat es su nombre artístico, y muchos la detestan. Me he decidido a realizar esta actualización para ponerme de su lado sin tener que responder a todos sus detractores entre iconos, faltas de ortografía y argumentos que no tienen sentido más allá de de las rabietas de los niños que no entienden que los Reyes Magos no existen. Que conste que no soy seguidor de Virginia, sólo intento expresar mi opinión.

Virginia Maestro ganó la última edición de Operación Triunfo, el concurso musical que la privada Telecinco emite desde su cuarta temporada. La andaluza se llevó la victoria, igual que lo hicieron en su día Rosa, Ainhoa y Ramón en sus versiones precedentes. En una edición llena de polémica, en un canal de televisión donde cada vez se da más cabida al morbo y menos a la profesionalidad y a la ética de todo el que aparece en él, Virginia salió ganadora silenciando muchas voces. La mayor parte de las críticas que he escuchado sobre ella se han limitado a atacar, de mala manera, su personalidad, el favoritismo de un miembro del jurado y su timbre de voz.

Partimos del hecho de que un concursante de este reality show comienza a serlo tras superar una proceso de castings de acuerdo con el criterio de varias personas que – se supone - saben de música. A partir de ahí, la opinión de un claustro de profesores, los amiguismos entre los compañeros y, principalmente, el voto del público hacen el resto. Consiguió su contrato con Sony BMG con un 55% del público a su favor, y no hay más. Creo, en cualquier caso, que su triunfo, no fue más que un ZAS! con el que sus seguidores, la ya famosa Marea Azul, quiso atizar a todos los compañeros y miembros del jurado que no supieron asumir, en muchas ocasiones, el gusto de la parte más importante del programa: los espectadores. Digo ésto porque, como ya declaró el polemista Risto Mejide en la presentación del debut de Labuat ante los medios de comunicación en el madrileño Círculo de Bellas Artes, Virginia habría tenido disco ganando o no el concursito.

No vamos a entrar en la calidad de su música, pero considero que muchos de los que se permiten dudar de su valor como intérprete no deberían tomarse la licencia de atacarla, sobre todo los que tienen como álter ego a cantantes cantantes que llegan a oídos de la mayoría por lo que emisoras como Los 40 principales nos obliga a escuchar mil millones de veces, dejando de lado lo retocadas que estén sus voces o lo pésimas que sean las letras que escriben.

Por si alguno se atreve a comentar hablándome de las ventas que el disco está teniendo, me anticipo a él recordándole que la calidad de un cantante jamás se mide por sus ventas, así que ese argumento no me es válido. Creo firmemente que a un buen cantante, sobre todo en los tiempos que corren, lo que le debe hacer sonreír es agotar las localidades de una sala de conciertos como Luz de Gas o o telonear a una diva internacional como Beyoncè.





Lo demás lo marcará el tiempo y sus seguidores,
el resto es sólo ruido.

lunes, 4 de mayo de 2009

xx. Para no morir jamás .xx

Muere lentamente quien camina entre la gente sin mirar y no la puede ver. Muere lentamente quien no sabe aceptar nuevas ideas que no sean las suyas. Muere quien no prueba la pasión, quien no escucha nunca al propio corazón. Quien no sale apenas y no ve llover, quien se deja detener por no querer pensar.

Muere quien no arriesga nada, quien por no meterse en líos nunca ayudará. Muere lentamente quien por miedo a los sentimientos y para escapar no se enamorará. Quien ve de frente un océano y no llega a creer en la eternidad, quien con mil dudas no sabrá escoger, quien ya no sabe vivir con curiosidad.

Búscame, allí estaré entre quien quiere creer, yo podré perder pero lo intentaré.
Búscame, me quedaré contigo.


Para no morir Jamás, Nek.

sábado, 2 de mayo de 2009

xx. Próxima estación .xx

He decidido empezar una página en blanco. Me he dado cuenta de que el caramelo que daba vueltas golpeándose contra mis muelas ya no sabía a nada y he ido a comprar una bolsa de gominolas de colores. He liberado la luciérnaga que dormitaba en mi tripa y he saltado tres metros en medio del bosque para tragarme un par de mariposas.

He rodado montaña abajo sin parar de reír, gritando que mi generación iba a cambiar el mundo. He roto los pantalones que ya no me valen y los he convertido en siete estrellas que ahora decoran el armario ropero. Me he comido las páginas centrales de mis libros favoritos y he tatuado en mis pupilas las frases más complejas que Shakespeare escribió.

Me han vuelto a pasar diez cosas estúpidas de las que sólo a mí me pasarían. He pensado en mi chico fabuloso de Valencia. He soltado un globo azul mirando al cielo y he decidido que Mayo supone un bonjour definitivo. Me despido de las dudas expulsándolas de mi vida con pompas de jabón. A lo lejos se ve un nuevo horizonte.
David Waldorf.

jueves, 30 de abril de 2009

xx. Vega .xx


Vivimos en un mundo en el que la música forma parte de la vida de la mayoría de la sociedad a la que pertenecemos. El niño que se enamora por primera vez de la sonrisa de la chica más bonita de la clase se refugia en la canción más empalagosa del último grupo que encabeza la lista de éxitos de la emisora de radio más popular. La señorita que se convierte en señora de, al dar el sí quiero al hombre que empezó amando en silencio, escucha de fondo la canción que sonaba aquella vez que se cruzaron por primera vez. El abuelo que llora a escondidas de los nietos cuando escucha en el tocadiscos el vinilo predilecto del amor que fue y ya no será, aquel que se lo llevó la muerte. Música que, al fin y al cabo, hace estallar emociones produciendo una catarsis de sentimientos que desahoga, hace sentir y equilibra el alma cuando ésta a veces se queda fría, helada.

Conocí a Vega al mismo tiempo que me enamoré por primera vez, y su debut, India, me ayudó a curar las heridas tan amplias que dejó esa inauguración, ese amor que te enseña a sentir como nunca habías imaginado que serías capaz de hacer. Cada una de sus letras era como una nana que me ayudaba a controlar el ritmo acelerado de las pulsaciones de mi corazón que, desbocado, no entendía la lógica de los sentimientos por más que yo le tratara de hacer entender que no podía tener al chico que tanto quería. Lo escuché tantas veces que un día dejó de sonar. Cuando ahora le veo, viejo y melancólico asomándose por algún rincón de mi habitación, sonrío y me acerco a él, regalando un par de caricias a todas esas líneas que callan las veces que su música me ayudó a seguir adelante aceptando las circunstancias. Vega me cantaba cuando ella, su novia, le besaba frente a mí, me cantaba cuando la muerte rondó mi vida por primera vez. Ahí entendí que Vega me cantaría toda la vida, obligándome a gritar cuando me rompiera en pedazos.

Llegó Circular y con su reedición conocí a algunas personas que hoy forman parte de mi vida. Primero llegó Adam, luego lo hizo Sergio. Él no lo sabe, pero bajo la última canción de Cómo girar sin dar la vuelta hay dibujada una S. que me recuerda siempre qué fue lo mejor de conocer a Vega: llegar hasta él. Fue una noche mágica en la que un búho real me permitió cruzar con él una mirada. Días después llegó a mí, y así hasta el día de hoy. Ahora él significa demasiado.

Ha llegado Metamorfosis, con melodías más optimistas que no pierden en ningún momento la esencia de su música. Ella sabe seguir jugando conmigo, haciéndome reír y llorar con una facilidad pasmosa. Logra reconfortarme cuando me siento solo, consigue levantarme cuando me caigo al suelo y me eleva varios metros cuando me siento pleno y lleno de alegría porque todo va bien.

Siempre que me siento perdido recurro a ella, a su música, y nunca me falla: Vega siempre está ahí. Hay ocasiones en las que me tumbo sobre la cama, pulso el play y ella hace el resto con sus letras. De un segundo a otro el cielo gris se vuelve azul turquesa, las lágrimas se convierten en aire que respiro y que me hace vivir, y la negatividad se aleja de mi vida acercándome la ilusión y el optimismo que su música sabe hacerme sentir tan bien.

En los conciertos me escondo y la observo desde la distancia, entre admiración y respeto. Sus palabras describen muy bien lo que muchas veces siento y no sé explicar. Ella es mi musa, y siempre lo será. Es Vega, sin más.