
Glee es una serie de televisión estadounidense de FOX que ha revolucionado el mundo televisivo y musical, como en su día lo hicieron las películas de High School Musical, con tres diferencias importantes: el proyecto es un serial semanal, el público al que va dirigido el proyecto no es tan específico como el de las películas de Disney Channel y las canciones que interpretan los actores son versiones de éxitos conocidos en todo el mundo. Desde el Proud Mary de Tina Turner hasta el Telephone de Lady Gaga, pasando por Imagine de John Lennon y temas claves de musicales como Wicked o Cabaret.
La trama de la serie se centra en un coro formado por un grupo de alumnos variopintos del instituto William McKinley. El espectador que vea un par de capítulos de Glee creerá cruzarse con estereotipos como el homosexual 'en exceso', la rubia idiota y el deportista guaperas. Si nos quedamos en la superficie del serial es lo que encontraremos, no podemos negarlo. Quizá este sea un error, tanto de los creadores como de los espectadores: no profundizamos desde el principio en los personajes. Para que Glee nos enamore tenemos que avanzar un poco más; cuando lo hagamos Kurt se convertirá en un apasionado de la moda que peleará por un solo de Wicked, Quinn tendrá que dejar de ser animadora por su embarazo y afrontar que sus padres jamás la apoyarán en su decisión de seguir adelante y Finn, el guaperas, además de llevárselos a todos de calle, se tendrá que enfrentar a sus miedos, aprender a tener responsabilidades y hacerse a la idea de que pronto cambiará pañales. Los matices de los personajes adultos son riquísimos: el equipo de actores que da vida al profesorado del instituto es espectacular.
Pretendía hacer una crítica objetiva de la serie, pero creo que tendré que volver a hacerlo cuando, algún día – ojalá dentro de mucho – Glee se despida y pueda analizar el fenómeno – porque es en lo que se ha convertido – de forma más racional.
El otro día me decía un compañero (heterosexual, por cierto) que la magia de la serie reside en que, no es que no requiera un esfuerzo mental excesivo del espectador, sino en que nos permite olvidarnos de los cruentos impactos audiovisuales que nos lanzan a diario los medios y nos devuelve la capacidad de soñar, además de recordarnos que jamás debemos dejar de lado nuestra lucha constante por un mundo mejor, ni borrar nuestros sueños más inalcanzables. ¿Qué hay imposible en la vida?
Es cierto que hoy en día tenemos grandes series con tramas más complejas, diálogos más oscuros y personajes más verosímiles, pero oye, qué bien sienta irse a la cama con una sonrisa después de ver un par de capítulos de esta serie, tarareando sus canciones hasta quedarte dormido.